03 abril 2012

Ferdinand de Saussure (1857-1913)



El signo lingüístico no vincula un nombre con una ‘cosa’ sino un concepto con una imagen acústica


Saussure consideraba que la lingüística del siglo XIX no se cuestionaba profundamente qué es el lenguaje ni como funciona, decidió entonces abocarse a la investigación de éste, por sí mismo. En su Curso de Lingüística general Saussure propone dejar de lado el estudio del lenguaje desde una perspectiva histórica (filología) y analizarlo desde el punto de vista estructural.

El enfoque de Saussure, sostiene que todas las palabras tienen un componente material (una imagen acústica) al que denominó significante y un componente mental referido a la idea o concepto representado por el significante al que denominó significado. Significante y significado conforman un signo.

Ampliando el horizonte de la lingüística

Ferdinand de Saussure relacionó a la lingüística con un estudio más general que los signos... identificó las características de la lengua como entidades mentales, subrayó la creatividad del lenguaje, estableció una terminología que favorecía la definición precisa de términos generales, en lugar de la adopción de términos técnicos, adoptó un sistema didáctico que recurría con frecuencia a las analogías tomadas de la música, el ajedrez, el montañismo o el sistema solar para describir mejor los rasgos del lenguaje. Estos logros, introducirán a la lingüística en el siglo XX...

Lengua y habla

Ocupados en el desarrollo histórico del lenguaje, los lingüistas tomaban como campo de estudio la lengua escrita. El punto de partida utilizado por Saussure fue pues, el de la individualidad del acto expresivo: la palabra hablada. Se presenta así la primera distinción teórica entre:

Lengua (el sistema): O lo que podemos hacer con nuestro lenguaje y; 


Habla (el uso del sistema): O lo que de hecho hacemos al hablar.


En algunos idiomas, existen vocablos diferentes para referir estos dos conceptos, en inglés por ejemplo, se utilizan los términos "language" para significar "lengua" y "speech" para el habla. Sin embargo, pese a esta diferenciación conceptual, ningún lingüista antes había focalizado sus estudios desde esta perspectiva y la principal crítica de Saussure al enfoque tradicional de la lingüística.

Esta diferenciación teórica, requiere, consecuentemente, una definición de signo lingüístico que excluyera los sonidos efectivos del habla.

Significante y significado

La definición de signo lingüístico de Saussure incluye solo dos componentes y no es más compleja que la empleada en la nomenclatura que él mismo criticara debido a su simplismo. En efecto, admite la división del signo en dos partes, ya que considera que la división propuesta por la nomenclatura era atractiva, sin embargo, enfatizaba que debía evitarse sobre simplificar los procesos involucrados en el lenguaje.

Saussure, en su definición de signo, reemplazará el vocablo nombre, utilizada en la conceptualización de nomenclatura, por imagen acústica esto es, la imagen mental de un nombre, que le permite al hablante decirlo, y luego reemplazará a la cosa por el concepto. Es otras palabras, en su definición, une dos entidades que pertenecen al lenguaje eliminando el plano de la realidad de los objetos, esto es, los referentes sobre los cuales se emplea el lenguaje. Porque si tanto el significado como el significante son entidades mentales, es evidente que su marco teórico propone una ruptura entre el plano lingüístico y el plano del mundo externo a la mente.

Finalmente, esta definición de signo lingüístico se completará cuando le da el nombre de significante a la imagen acústica y significado al concepto mental con el que se corresponde dicha imagen acústica.
Cabe preguntarnos por qué Saussure eligió términos tan parecidos corriendo riesgo de confusiones conceptuales, aparentemente, consideró que la mínima diferencia formal entre ambos términos destacaría su contraste.

Principios de arbitrariedad y linealidad

El signo lingüístico es arbitrario en el sentido que la conexión entre significante y significado no se basa en una relación causal. La prueba de tal afirmación, reside en el hecho que las distintas lenguas desarrollaron diferentes signos, esto es, diferentes vínculos entre significantes y significados; de otra forma, sólo una lengua existiría en el mundo. Ahora bien, aún aceptando la arbitrariedad del signo en lo que respecta al vínculo entre significante y significado, es claro que esta conexión no es arbitraria para quienes usan una misma lengua, porque si esto fuera así, los significados no serían estables y desaparecería la posibilidad de comunicación.

El principio de arbitrariedad opera en forma conjunta con el segundo principio de Saussure que afirma que el significante siempre es lineal. Lo que significa que los sonidos de los cuales se componen los significantes, dependen de una secuencia temporal.
Saussure afirma que el funcionamiento del lenguaje depende de la linealidad y que esto tiene importantes consecuencias dado que la linealidad impide ver u oír varios significantes simultáneamente. Mientras que la linealidad del significante es una cadena, la arbitrariedad que entre ambas partes del signo es un vínculo único.

Inmutabilidad del signo

Al analizar el signo en relación a sus usuarios, Saussure observa una paradoja: la lengua es libre de establecer un vínculo entre cualquier sonido o secuencia de sonidos con cualquier idea, pero una vez establecido este vínculo, ni el hablante individual ni toda la comunidad lingüística es libre para deshacerlo. Tampoco es posible sustituir un signo por otro.

La lengua castellana podría haber elegido cualquier otra secuencia de sonidos para el significado que se corresponde con la secuencia C-L-I-M-A, pero una vez que dicho vínculo se ha consolidado, la combinación ha de perdurar. No es posible legislar sobre el uso de la lengua.

Mutabilidad del signo

Sin embargo, con el tiempo, la lengua y sus signos, cambian. Aparecen así, lentamente, modificaciones en los vínculos entre significantes y significados. Los significados antiguos se especifican, se agregan nuevos o se clasifican de modo diferente. Por ejemplo la palabra "ratón" adquiere un significado distinto en relación a las computadoras, en este caso, dos vínculos entre significado y significante coexisten simultáneamente.

Sincrónico y diacrónico

Saussure considera que no es posible describir plenamente un lenguaje si esto se hace de forma aislada en relación a la comunidad que hace uso de él y a su vez los efectos que el tiempo tiene sobre el lenguaje (su evolución).
Efectivamente, durante el transcurso del tiempo, el lenguaje evoluciona, lo que pone en evidencia que los signos cambian. En consecuencia, Saussure afirma que una lengua puede ser estudiada tanto en un momento particular como a través de su evolución en el tiempo. En este sentido, diferenciará dos modalidades respecto al uso del lenguaje:

Sincrónica: (syncronos, al mismo tiempo) Examina las relaciones entre los elementos coexistentes de la lengua con independencia de cualquier factor temporal. Permite describir el estado del sistema lingüístico, siendo esta descripción abarcativa de la totalidad de los elementos interactuantes en la lengua.


Diacrónica: (diacronos, a través del tiempo) Se enfoca en el proceso evolutivo y se centra en aquellos fragmentos que se corresponden con ciertos momentos históricos.

Para el lingüista que apunta a realizar una descripción completa de un lenguaje determinado, el análisis diacrónico y sincrónico, aunque esto no sea necesario para una comunidad lingüística. Esto significa que cuando se verbaliza el sistema de una lengua, solo intervienen elementos sincrónicos puesto que nadie necesita conocer la historia de una lengua para hacer uso de ella. Por otra parte, los factores diacrónicos no alteran al sistema como tal. Para explicar este punto, Saussure recurre a una metáfora planetaria, diciendo que si un planeta del sistema solar cambiara de peso y tamaño, tales cambios alterarían el equilibrio del conjunto en su totalidad, aunque de todas formas, el sistema solar, seguiría siendo un conjunto.=
Si bien los hechos sincrónicos y diacrónicos son autónomos, existe una relación de interdependencia entre ambos. No es posible conocer el estado de una lengua si no analizamos los cambios que sufrió.

Saussure dirá que el funcionamiento de una lengua es como el ajedrez. El ajedrez es, como el lenguaje, un grupo de valores diferentes que en conjunto, conforman un sistema completo. Las piezas del ajedrez interactúan igual que los elementos de un lenguaje en estado sincrónico. Cuando una pieza se mueve, el efecto es similar a un cambio lingüístico y este le incumbe al análisis diacrónico. Aunque el movimiento sea tan solo el de una pieza, este movimiento afectará a todo el sistema en su totalidad. El estado del tablero ha cambiado: es uno antes de la jugada, y se transforma en otro después, pero la movida, en sí misma, no pertenece a ninguno de esos dos estados (porque los estados son sincrónicos).

La lingüística sincrónica se ocupa de relaciones lógicas y psicológicas que vinculan los términos que coexisten en un sistema, la lingüística diacrónica se ocupa de términos que se reemplazan uno al otro cuando el sistema evoluciona, pero que no forman un sistema.

Forma y sustancia

Si el signo lingüístico no fuese arbitrario, los signos que componen el lenguaje estarían determinados mutuamente por algún elemento externo. El valor lingüístico está enteramente determinado por la existencia de relaciones y por ende, el signo debe ser arbitrario.

Saussure llama "forma pura" a la relación entre el significante y el significado, así como a la que existe entre los distintos signos. Lo hace para recordarnos que no es sino una relación.

El vínculo entre el sonido y el pensamiento en el signo lingüístico produce FORMA y no sustancia

Significación y valor

El lenguaje es un sistema de valores en el sentido en que todo signo lingüístico vincula sonidos e ideas. Si tal vínculo no existiera, sería imposible separar un pensamiento de otro. Los sonidos no se diferencian entre sí más que los pensamientos no expresados. La función del lenguaje no es crear un medio sonoro para expresar el pensamiento sino mediar entre el pensamiento y el sonido, de modo tal que el vínculo entre ambos dé por resultado unidades que se determinen mutuamente.

Existen para Saussure, dos tipos diferentes de significación, una que corresponde al signo tomado en forma aislada y otra, que surge de contrastar ambos signos. La primera clase de significación está subordina a la segunda y para destacar la diferencia la denomina valor lingüístico.

Contraste por valor lingüístico

El signo, en efecto, comunica un valor lingüístico el cual deriva de su contraste con otros signos con los que está vinculado. Por ejemplo: nieve, helado, hielo, glaciar. Cada una se entiende en la medida que se entiende la otra, porque podemos diferenciarlas una de otra. "Helado" no significa "nieve" y "hielo" no significa "glaciar", etc. El principio que distingue el valor del significado, distingue también las formas entre sí y crea el significado.

Contraste formal

A su vez, "nieve" significa lo que significa porque es diferente de "nave" y "nieto" porque poseen formas contrastantes. Si bien la diferencia sonora es mínima, esta es suficiente  para hacer de cada una un signo lingüístico diferente.

Diferencia y oposición

El motor del significado es la diferencia. Para la conformación de un sistema (que opera creando diferencias entre ideas e imágenes sonoras) no se requiere términos positivos. Este puede construirse sobre la base de la negación. Porque si analizamos significantes y significados de forma separada, observaremos que son diferencia pura. Sin embargo, en donde significante y significado confluyen, es donde hallamos el elemento positivo.

La forma de un signo difiere de la de otros signos como forma; el concepto difiere de otros como concepto. Pero el signo en tanto que signo, no difiere de otros signos. sino que se diferencia. La diferencia es algo que puede definirse apelando a un tercer término: La diferencia entre dos y tres es uno. Diferenciarse implica simplemente que dos no es igual a tres.

Relaciones lineales y relaciones asociativas

Entre los signos lo que hay pues, es oposición. En la lingüística sincrónica se distingue una oposición básica de dos tipos de relaciones:

Relaciones lineales: se refiere a los signos complejos o secuencias de signos con dos o más componentes, ordenados en una línea o secuencia significativa: montañas, las montañas, escalar las montañas, escalar las montañas nevadas, etc. 

Relaciones no lineales (formales) asociaciones de forma o de significado o de ambas cosas que los hablantes establecen de manera automática ante cualquier signo: montaña, cabaña, campaña, campiña, campo, campesino, etc.


E. Sapir. Lenguaje, pensamiento, cultura

Desde la perspectiva de Sapir  la palabra “lenguaje” involucra la práctica de las lenguas.  Así lo destaca en su definición:

"El lenguaje es un método exclusivamente humano, no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos, ante todo auditivos,  producido de manera deliberada". (Sapir 1966:14)

Sapir distingue el proceso de adquisición del habla del proceso de caminar. Caminar -dice- es una función instintiva, biológica, mientras que el habla es una función no instintiva, adquirida, cultural. El hombre está predestinado a hablar por que ha nacido en una sociedad.
Para Sapir:

"El habla varía sin límites precisos, en  los distintos grupos sociales  porque es una herencia puramente histórica del grupo, es producto... de un hábito social, mantenido desde largo tiempo”. (Sapir 1966: 10).

El lenguaje es para Sapir la faceta exterior del pensamiento, pero considera que en la práctica cotidiana no se puede pensar ni razonar sin necesidad de palabras, el lenguaje es el molde del pensamiento: al surgimiento de un nuevo concepto precede un viejo material lingüístico, y este concepto no adquiere independencia sino cuando ha encontrado su envoltura lingüística.
En un artículo de 1929  “La place de la linguistique parmi les sciences” (Sapir 1968)  manifiesta claramente su visión lingüístico antropológica. Considera que el estudio científico de una cultura no puede prescindir de las informaciones que proporciona un estudio lingüístico ya que los modelos culturales de una civilización están inscriptos en la lengua que la expresa. Afirma que es un error imaginar que se pueden percibir las características de una cultura por la simple observación, sin recurrir al simbolismo lingüístico que hace inteligibles esas características a la sociedad.
Para Sapir la percepción de la realidad está mediatizada por el lenguaje, la percepción de la realidad está en gran parte fundada inconscientemente en los hábitos lingüísticos del grupo. Los hombres están sometidos, en gran medida, a las exigencias de la lengua particular que constituye el medio de expresión de la sociedad a la cual pertenecen, es inexacto creer que se puede entrar en contacto con la realidad sin recurrir al lenguaje y que este no es sino un instrumento que nos permite resolver problemas específicos de comunicación o de reflexión. No existen dos lenguas suficientemente semejantes como para que se las pueda considerar como representantes de una misma realidad social. Los mundos en los que viven las diferentes sociedades son mundos distintos y no el mismo mundo con diferentes etiquetas.
 Si se trazan -dice Sapir- al azar, líneas de formas diferentes, nuestra percepción las repartirá en cierto número de categorías: curvas, derechas, en zig-zag, etc. porque los términos lingüísticos nos sugieren esta clasificación. Esto es porque que los hábitos lingüísticos de nuestra comunidad favorecen ciertas elecciones de interpretación. ” (Sapir 1968).

Un poco de teoría. Macroestructuras. Estructuras Globales - Teun VAN DIJK


Macroestructuras. Estructuras Globales - Teun VAN DIJK

Teun van Dijk Textos adaptados de “Estructuras y funciones del discurso”, México, Siglo XXI, 1980 por Berta Zamudio de Molina y María Eugenia Saifán en “Lingüística del texto. Selección de trabajos”, Ediciones Cursos Universitarios, Buenos Aires, 1992.

Al usar términos como asunto, resultado e idea general o locuciones como lo importante/esencial de lo que se dijo, nos referimos a alguna propiedad del significado o del contenido del discurso. Por lo general, no nos referimos al sentido de las oraciones individuales, sino al del discurso como un todo o de fragmentos más o menos grandes como, por ejemplo, párrafos o capítulos del discurso. Este tema del discurso (o de la conversación) se hará explícito, por lo tanto, en términos de un cierto tipo de estructura semántica. Puesto que tales estructuras semánticas aparentemente no se expresan en oraciones individuales sino en secuencias completas de oraciones, hablaremos de macroestructuras semánticas. Las macroestructuras semánticas son la reconstrucción teórica de nociones como tema o asunto del discurso.

Los usuarios de una lengua pueden asignar un tema o asunto a la mayoría de los discursos. A veces lo hacen produciendo un abstracto del discurso, el cual recoge los temas principales del texto en un resumen.

El término técnico macroestructura da cuenta del contenido global de un discurso; el término microestructura denota la estructura local de un discurso, es decir la estructura de las oraciones y las relaciones de cohesión y de coherencia entre ellas. Ahora bien, diremos que un discurso es coherente sólo si es también coherente en un nivel más global y que esta coherencia se da en cuanto se pueda asignarle un tema o asunto al discurso.

En otras palabras, sólo si nos es posible construir una macroestructura para un discurso puede decirse que ese discurso es coherente globalmente. Debemos respetar el principio semántico básico según el cual el significado del todo debe especificarse en términos de los significados de las partes. Así, si queremos especificar el sentido global de un discurso, tal sentido debe derivarse de los sentidos de las oraciones del discurso, esto es, de la secuencia proposicional que subyace en el discurso.

Por lo antes dicho, hay que definir el tema de un discurso en términos de proposiciones. Como estas proposiciones forman parte de la macroestructura de un discurso, las llamaremos macroproposiciones. Esto no quiere decir que sean un tipo particular de proposición sino sólo que pertenecen a la macroestructura de un discurso y como tales definen el tema o el asunto. Así es que el vínculo entre microestructura y macroestructura debe ser una relación particular entre dos secuencias de proposiciones, es decir, en términos técnicos, una proyección semántica.

A las reglas de proyección semántica las llamaremos macrorreglas. Estas hacen explícita la manera en que se puede derivar el tema o asunto de un discurso, por lo menos en la semántica (gramatical).

Nuestro conocimiento del uso de la lengua nos dice que un discurso no tiene un solo tema o asunto sino posiblemente una secuencia de temas o asuntos, que se expresan también en un resumen del discurso. Esto hace que sea posible tener temas aún más altos, de manera que se obtienen varios niveles de macroestructuras, cada uno derivado del nivel inmediato inferior, por las mismas macrorreglas. De hecho, entonces, es posible tener un tema de un párrafo, de una página o de un capítulo, así como de un libro entero, según el nivel de globalidad que se escoja para caracterizar el contenido del discurso.

MACRORREGLAS

Las macroestructuras son proposiciones y por lo tanto es necesario tener reglas para la proyección semántica que vinculen las proposiciones de las microestructuras textuales con las macroestructuras textuales. Tales reglas se llamarán macrorreglas porque producen macroestructuras textuales. Su función es la de transformar la información semántica. De alguna manera tienen que reducir la información semántica: reducen una secuencia de varias proposiciones a unas pocas o, incluso, a una sola. Esta clase de reducción de información es necesaria para poder comprender, almacenar y reproducir discursos. También es característica de las macrorreglas su naturaleza organizadora.
Las diversas macrorreglas son las siguientes:

1. Supresión

Dada una secuencia de proposiciones las que no sean proposiciones de las proposiciones subsiguientes de la secuencia se suprimen.

2. Generalización

Dada una secuencia de proposiciones, se hace una proposición que contenga un concepto derivado de los conceptos de la secuencia de proposiciones y la proposición así obtenida sustituye a la secuencia original.

3. Construcción

Dada una secuencia de proposiciones, se hace una proposición que denote al mismo hecho denotado por la totalidad de la secuencia de proposiciones y se sustituye la secuencia original por la nueva proposición.

La primera regla nos dice sólo las proposiciones que son textualmente pertinentes, en el sentido que desempeñan un papel en la interpretación de otras oraciones, deben figurar en la descripción de la macroestructura. Las proposiciones suprimidas denotan lo que se llama los detalles del cuento. Esos detalles no son importantes semánticamente para el sentido global, o para el tema del discurso. Por otra parte, el tipo de discurso determina la aplicación de las macrorreglas: lo importante en un cuento puede ser impertinente en un protocolo policíaco que relate los mismos eventos.

La segunda macrorregla, la generalización, nos permite emplear nombres como superconjuntos de varios conjuntos, procedimiento que posibilita construir una proposición en la que se expresa el tema. Tales oraciones se llaman oraciones temáticas o tópicas. Su función es la de señalar el probable tema del resto del discurso. Una de las condiciones de la generalización es que debe ser mínima: no se toman conceptos generales arbitrariamente sino superconceptos inmediatos.

La restricción más general en cuanto ésta y otras macrorreglas es que no se puede suprimir información que formará presuposiciones para la interpretación del resto del discurso. La información eliminada tanto en la supresión como en la generalización es irrecuperable. Las macroestructuras obtenidas de esta manera definen un conjunto de discursos posibles, es decir, de todos los discursos que tienen un mismo tema global.

Con la tercera regla, la construcción, derivamos una proposición que implícitamente contiene la información abstraída en la aplicación de la regla, porque ella forma parte de nuestro conocimiento del mundo. Esta regla nos permite suprimir únicamente aquellos detalles que pertenezcan convencionalmente al episodio de la acción global.

Una macroestructura derivada por medio de macrorreglas es una secuencia de proposiciones. Tal secuencia debe ser coherente satisfaciendo las condiciones normales de la coherencia lineal. Si es posible construir macroproposiciones más generales, podemos volver a aplicar las macrorreglas y construir una macroestructura de más alto nivel.

En cuanto al orden en la aplicación de las macrorreglas deben considerarse los siguientes aspectos. Para la construcción se requieren todos los detalles para obtener una macroproposición, por ello tal vez se debiera aplicar esta regla primero. Después, la supresión, para eliminar aquellos detalles que ya no son pertinentes para el resto del discurso, pero que pueden ser incluidos en una proposición generalizada. Y si se quiere resumir aún más se aplicará la regla de la generalización. En la práctica no todo usuario de la lengua aplicará las reglas de la misma manera. Cada lector u oyente encontrará pertinentes diferentes aspectos del mismo texto, según los intereses, deseos, conocimientos, normas y valores del usuario; éstos en conjunto definen el estado cognoscitivo contextual particular al usuario de una lengua en el momento que interpreta el texto.

24 marzo 2012

Algunas sugerencias



CÓMO SE HACE UN RESUMEN



 A efectos de ir viendo y corrigiendo el diagnóstico,  en clase discutimos desde la teoría.

          Teniendo en cuenta que el resumen es una actividad textual que consiste fundamentalmente en elaborar un nuevo texto reduciendo a lo esencial el contenido de otro, pero sin añadir información que no conste en ese texto de partida y sin emitir juicios personales, su corrección debe acomodarse a los siguientes criterios: 
  • Que sea fiel al texto original.
  • Que recoja con objetividad sólo los contenidos principales del texto de partida.
  • Que no incluya información que no conste en el texto original.
  • Que no incluya valoraciones ni juicios personales.
  • Que sea proporcional. Se recomienda que en ningún caso la extensión del resumen sobrepase un tercio del texto propuesto.
  • Que no repita literalmente secuencias y enunciados completos del original, razón por la que no es recomendable el uso de muletillas como El autor dice..., El texto trata de..., etc. 
  • Que se redacte de una forma personal.
  • Que sea un nuevo texto con las propiedades de la coherencia, la cohesión y la corrección.  

14 marzo 2012

DE LA EVALUACIÓN


CALIFICACIONES.

1.  DR
2.  RD
3.  R
4.  RB
5.  BR
6.  B
7.  BMB
8.  MBB
9.   MB
10. MBS
11. SMB
12. STE

EVALUACIÓN DEL CURSO

Puedes exonerar la materia o rendir examen.
EXONERA:   realizar las dos pruebas parciales, y obtener una  calificación de nueve (9)
EXAMEN:  en carácter libre o reglamentado. 
Para obtener el carácter de estudiante “reglamentado” no puedes exceder el 20%  de las horas-clase dictadas por el Docente.
Se puede rendir el examen "libre"  sin haber concurrido nunca a clase, o si se sobrepasó el límite de inasistencias.



Lengua/Idioma Español. 1º año 2012


CONTENIDOS PROGRAMÁTICOS
Módulo I


Comunicación y Lenguaje
Elementos de la comunicación. Diferentes modelos teóricos.
Medios masivos de comunicación, análisis de los mismos para el
reconocimiento de la ideología subyacente.
Lenguaje, lengua y habla. El signo lingüístico, características.
Oralidad y escritura. (Este contenido deberá trabajarse por transversalidad, a lo
largo de todo el curso, abarcando los aspectos sintácticos, semánticos,
ortográficos, morfológicos, pragmáticos y sociolingüísticos)
Variedades lingüísticas. Los registros.


Módulo II


El texto
Texto y discurso. Texto y contexto.
Clasificaciones: clases de textos, tipologías, géneros discursivos.
Niveles de análisis textual: pragmático, semántico, morfosintáctico, 
fonografemático.


EJES TRANSVERSALES


I) El lenguaje como estructurador del conocimiento
Cognición y metacognición: el lenguaje en el proceso de aprendizaje.
II) Producción y comprensión de textos
Se centrará en los textos académicos.
III) Ortografía
Normas ortográficas del español actual. Criterios de corrección.



Bibliografía:

Alarcos Llorach, Emilio; Gramática de la lengua española, Espasa – Calpe,
1999

De Saussure, Ferdinand; Curso de Lingüística general, Losada, 1945. 
Escandell, María Victoria; Introducción a la pragmática; Ariel Lingüística, 1996. 
Gutiérrez Ordóñez, Salvador; De pragmática y semántica; Arco/libros, 2002. 
Martínez, Cristina: Análisis del discurso y práctica pedagógica.  Homo Sapiens,
1994
Martinet, André; Elementos de Lingüística general, Gredos, 1965.  
Sapir, Edward; El lenguaje, FCE, 1921. Todorov, Tzvetan: Los géneros del discurso. Monte Ávila editores


Bibliografía que deben contar siempre:

Nueva Gramática de la Lengua Española. MANUAL. RAE © 2010.
Ortografía de la Lengua Española. RAE © 2010.
DICCIONARIO de la Lengua Española.
DICCIONARIO Panhispánico de Dudas. (DPD

Luego iremos viendo bibliografía específica y acordaremos contenidos.




09 marzo 2012

Acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad: manifiesto de apoyo a D. Ignacio Bosque


Tras la publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, del lingüista y académico D. Ignacio Bosque, han aparecido en diversos medios una serie de críticas feroces que incluyen insinuaciones sobre la integridad profesional del autor del informe, cuando no juicios morales inaceptables sobre él y, por extensión, quienes apoyan el contenido de su informe. Este manifiesto tiene como objetivo mostrar que las conclusiones del informe del Prof. Bosque son inobjetables y que somos muchos los lingüistas que –independientemente de nuestro sexo y edad– suscribimos sus conclusiones. El texto que sigue justifica y explica las razones de nuestro apoyo.

1. Si se observa distanciadamente, la discusión que subyace a las intensas polémicas sobre este texto –y sobre otros anteriores– no es acerca de un problema social, sino acerca de cómo ese problema social se refleja –o no– en distintos aspectos del uso de la lengua. Nadie discute que la mujer ha sido tradicionalmente discriminada en numerosos aspectos de la vida laboral y la legislación española; este aspecto queda fuera de la polémica y lo asumimos como cierto, así como entendemos que es cierto que de algún modo deben promoverse cambios sociales que disuelvan esta desigualdad.

2. Más específicamente, la discusión atañe a cuatro aspectos que queremos abordar separadamente:

            2.1. Si la gramática española es sexista, o, en general, si un sistema gramatical puede ser sexista.

            2.2. De ser así, qué papel compete a los lingüistas para remediar lo que sería indudablemente una situación inaceptable desde el punto de vista ético.

            2.3. Si es posible legislar a favor o en contra de un uso lingüístico.       
 

            2.4. De ser ciertos 2.1 y 2.3, si las denominadas “guías de lenguaje no sexista” orientadas hacia esa legislación son una medida útil y ajustada contra el sexismo de la lengua española

3. Acerca de la primera cuestión, es importante diferenciar tres niveles: el nivel léxico, el nivel morfológico y el nivel gramatical. Entendemos aquí por nivel léxico aquel que se refiere al significado de las palabras, manifestado a través de su uso. Por nivel morfológico nos referimos a qué marca (-
a, -isa, cambios en el lexema, etc.) reciben las distinciones de género gramátical en cada palabra. Por nivel sintáctico entendemos aquí los casos en que se usa una forma plural con -o para aludir a todos los miembros de una clase, sin distinguir su sexo, o al uso del género en procesos de concordancia gramatical.

            3.1. Si nos atenemos al nivel léxico no cabe duda de que el léxico español refleja de numerosas formas estereotipos culturales discriminatorios para la mujer. Son numerosos los contrastes que lo manifiestan:
 ser un zorro / ser una zorra; ser un profesional / ser una profesional, o las connotaciones negativas que frecuentemente se asocian a sargenta, jefa o coronela. Indudablemente estos usos se deben a que la cultura en la que nacieron estas palabras es sexista. Esto no se niega en el informe, ni nunca se ha puesto en cuestión, y son usos que, sin necesidad de que nadie legisle, ahora despiertan un rechazo social cada vez más general. 

            3.2. En el nivel morfológico, es indudable que la ausencia de forma femenina de muchos nombres de oficio se debe a la inexistencia en el pasado y escasez en el presente de mujeres que ocupen dicha profesión. Es indudable también que estos usos están cambiando sin necesidad de que nadie legisle por ellos, y que secuencias que hace años se sentían como extrañas (
la jueza, la Presidenta, la cancillera) se han ido acomodando en el uso. Esto, de hecho, se afirma explícitamente en el informe  (§6, p. 8). 

            3.3. En el nivel sintáctico, la acusación de que la gramática española es sexista por permitir decir
 Todos los españoles son iguales ante la ley –englobando así españoles y españolas– o He dormido en casa de mis padres –por en casa de mi padre y de mi madre– es radicalmente falsa. Y esto es así por tres razones:

                        3.3.1. Para que el uso englobador de
 los españoles sea sexista, esta debe ser una forma masculina, pero dicho diagnóstico es, como mínimo, apresurado. Dados los datos, se podría concluir con idéntica base científica –probablemente mayor– que el español carece de género masculino, que la forma que la tradición ha clasificado como masculina en realidad es la ausencia de género y que el único género gramatical que se codifica en español como tal es el femenino. Si la forma el científico fuera masculina, debería excluir a los miembros de género femenino. Sin embargo, esto no es así. Podemos decir sin contradicción que El primer científico en identificar la radiactividad fue una científica, Marie Sklodowska, lo cual sería sorprendente si la forma en –o fuera masculina porque el conjunto considerado debería entonces excluir a las mujeres científicas. En cambio, es contradictorio decir La primera científica en identificar la penicilina fue un científico, Alexander Fleming, lo cual es esperable si la forma femenina realmente codifica género y excluye a quienes no lo poseen. A la luz de estos ejemplos cabe concluir que, probablemente, masculino es un término tradicional de la gramática española que no responde a la verdadera naturaleza del concepto que denota en las descripciones gramaticales. 

                        3.3.2. Las gramáticas no pueden ser sexistas, de la misma forma que no pueden ser comunistas, anarquistas, liberales o ecologistas. Una gramática es un sistema formal donde se combinan elementos mediante una serie de reglas complejas que no reflejan ni directa ni indirectamente la cultura de la sociedad que habla una lengua. Al contrario que el léxico, donde se reflejan con cierta nitidez los prejuicios de una sociedad, la gramática no se relaciona de ninguna manera obvia con diferentes actitudes culturales. Nadie ha conseguido encontrar un denominador cultural común entre las lenguas que admiten sujetos omitidos, las que invierten el verbo y el sujeto en las interrogativas o las que concuerdan los adjetivos con los sustantivos. Sin embargo, es numerosa la bibliografía que estudia otros rasgos gramaticales que poseen en común las gramáticas que tienen estas propiedades.
 

                        3.3.3. La idea de que las gramáticas pueden estar cargadas de contenido cultural, llevada a sus últimas consecuencias, da lugar a una justificación del racismo y la xenofobia: ¿cabría pensar, como hicieron algunos a finales del siglo XIX y principios del XX, que las lenguas sin concordancia son propias de pueblos rudimentarios, poco dados a las relaciones abstractas? Naturalmente, no. 

4. Pasemos ahora al segundo punto de debate, el papel que debe tener el lingüista con respecto a los rasgos sexistas de una lengua.

            4.1. Quienes critican el informe de D. Ignacio Bosque parecen concebir que la tarea del lingüista es parecida a la de un legislador que debe recomendar ciertos usos, hacer otros obligatorios y prohibir muchos de ellos.
 

            4.2. Esta preconcepción implícita parece entender que la gramática se hace a golpe de leyes, pero esto es radicalmente falso. El español actual, al contrario que el francés y el italiano, utiliza
 haber como auxiliar incluso con verbos de significado pasivo –comomorir o nacer–. Esto es un cambio con respecto al uso habitual durante la Edad Media, que utilizaba ser con tales verbos. Pero el cambio no se produjo porque un legislador decidiera que había llegado el momento de distinguirse de los franceses e italianos, con quienes se estaba en guerra: se produjo por cambios internos en el sistema gramatical, relacionados probablemente con el reajuste de los tiempos verbales, el desarrollo de otras marcas de pasividad y otros muchos factores que aún están siendo estudiados por los lingüistas.

            4.3. Incluso en casos en los que se trata de legislar sobre la lengua activamente, los usos que se prohíben tienden a perdurar si el sistema gramatical requiere que se estructuren así. Por más que las gramáticas normativas de los últimos cincuenta años hayan criticado el uso de
 deber de como perífrasis de obligación, se sigue empleando así en textos de todo tipo, y generalmente para marcar una obligación menos fuerte que la que indica deber. Pasa igual con el leísmo, el dequeísmo y tantos otros fenómenos que se observan todos los días.

            4.4. Como se puede concluir de lo anterior, en definitiva esta actitud con respecto a la labor de los lingüistas es una nueva forma de normativismo, una actitud según la cual la lengua debe tener guardianes que se aseguren de que permanezca pura en su cumplimiento de ciertos principios ideales, incluso y especialmente cuando esta vigilancia vaya en contra de la forma en que hablan normalmente los usuarios de esa lengua. Es una forma de dar a entender tácitamente que los hablantes no son dueños de la lengua, sino gente que la toma prestada y no la cuida como debiera.

            4.5. Pero esta actitud normativista convertiría a los lingüistas en los únicos investigadores y científicos cuya tarea es la de preservar  una pureza ideal en lugar de la de descubrir cómo funciona su objeto de estudio. Si un detective decide falsear sus informes porque el asesinato y la corrupción despiertan en él un rechazo moral, sería castigado penalmente. Igualmente, si un médico decidiera no decirnos que tenemos una enfermedad grave porque considera –como cualquier otra persona– que el mundo sería mejor sin dichas enfermedades, nuestra reacción no sería la de ensalzar sus altos valores morales, sino la de denunciarlo a las autoridades competentes.
 

            4.6. Consecuentemente, si un diccionario mantiene acepciones como la de
 periquear –verbo con el que se describe la actitud de una mujer que se toma excesivas libertades–, no lo hace porque apruebe la idea de que exista una cantidad máxima de libertad aceptable para las mujeres, sino porque este verbo se ha usado así y el deber de un investigador de la lengua es el de recoger esta información. De igual manera, si un periodista insiste en hablar de un delito, no pensamos que esté a favor de que se cometiera dicho delito. 

            4.7. Tampoco cabe esperar que el lingüista introduzca en la definición una valoración sobre la sociedad donde se usa esta palabra, criticándola o apoyándola, porque esto es una cuestión que corresponde a la ética, la moral y la política. De igual manera no aceptaríamos que un médico opinara en su diagnóstico sobre si es merecido o no que un fumador tenga cáncer.
 

            4.8. Cabe contrargumentar a lo que acabamos de afirmar que la institución a la que pertenece el Prof. Bosque, la RAE, hace recomendaciones de uso en muchos otros casos. Esto es cierto, pero tales recomendaciones –como la de preferir que
 deber de no tenga valor de obligación– no están motivadas por criterios políticos o éticos, sino que se hacen conforme a criterios gramaticales que atienden a cómo está conformado el sistema de la lengua. La intención de estos consejos es la de evitar recomendar usos que pueden ser pasajeros y producir ambigüedades que dificulten la comunicación ahora o en el futuro, cuando se vuelve sobre los textos que la usaron. Si el uso se afianza, el deber del lingüista es el de recogerlo y tratar de explicar sus causas gramaticales. De hecho, la Nueva Gramática, de la que D. Ignacio Bosque es ponente, reconoce ya la extensión en el uso de deber de como obligación (y de forma similar, recomienda que se evite el uso genérico de la forma en -o en casos donde pueda haber ambigüedad, en la medida en que afecta a la comunicación, no a la ética). Esto es, de nuevo, lo mismo que esperamos de un investigador: si un médico encuentra indicios de que un paciente tiene cáncer, no se apresura a amputar la zona sospechosa, sino que solicita hacer más pruebas antes de tomar una decisión a favor o en contra.   

5. En cuanto a la tercera cuestión, se discute también si es posible, aun queriendo legislar, hacerlo para producir un cambio en la forma en que la sociedad usa su propia lengua.

            5.1. Las recomendaciones acerca del lenguaje no sexista se aplican, es cierto, a un tipo de lenguaje específico: el lenguaje llamado oficial, que se contrapone al lenguaje espontáneo oral o escrito, y que se manifiesta sobre todo en textos administrativos y jurídicos.

            5.2. No es infrecuente que se hagan todo tipo de recomendaciones artificiales en el lenguaje no espontáneo. En muchos manuales de estilo islandeses se pide evitar comenzar una oración con un adverbio; algunos manuales sobre el inglés advierten de la inconveniencia de empezar una carta formal con un pronombre de primera persona. Estas recomendaciones tienen una causa menos clara que la que conduce a algunos a proponer el desdoblamiento de las formas de género, y sin duda no tienen una intención moralmente tan admirable, pero son igualmente artificiales en la medida en que condenan estructuras que la gramática de las respectivas lenguas permite. Crucialmente, estas recomendaciones no han hecho que los islandeses, en sus conversaciones cotidianas, cambien el lugar donde sitúan sus adverbios o que los ingleses empleen menos pronombres. La recomendación, por tanto, ha resultado completamente inútil fuera de estas manifestaciones no espontáneas de lengua, donde tampoco se siguen sin excepción.
 

            5.3. Además de infructuoso para el uso general del idioma, cabe preguntarse si esta clase de recomendaciones que hacen más artificiosa la expresión son deseables. Probablemente no es intención de ninguna de las administraciones e instituciones que han aconsejado el desdoblamiento la de hacer sentir a los hablantes que esas formas de hablar no pertenecen a su lengua. Sin embargo, el efecto que se obtiene es a menudo ese. Algunos de los abajo firmantes hemos hecho el experimento de forzarnos a seguir las recomendaciones de estas guías cuando nos dirigimos a nuestros estudiantes en clase. Este experimento siempre ha sido recibido por los estudiantes –incluyendo, naturalmente, a las estudiantes–, primero con sorpresa, después con extrañeza y por último con regocijo, hilaridad y alboroto.  

            5.4. En último término, legislar en casos como este, en la medida en que implica condenar usos que son naturales en un sistema (gramatical), es tan discutible como obligar a las personas que acuden a un juicio o al parlamento a andar usando solo los talones, que es una manera distinta de aquella que habitualmente usan debido a las propiedades naturales de su sistema motor. Tal vez alguien desee que los acusados anden así como una forma de respeto al tribunal, pero es difícil no estar de acuerdo en que en tal caso sería mucha más la incomodidad causada que el beneficio objetivo obtenido.
 

            5.5. Y más allá de esto, si se decidiera legislar sobre la forma de andar en los juicios, sería una cuestión que competería a los políticos y legisladores –crucialmente,  con cierta labor de consulta a los fisioterapeutas para evitar lesiones en masa–. Igualmente, si se decide legislar para que se evite la manera natural de hablar en ciertos contextos formales, sería tarea de los legisladores, asesorados por los lingüistas. Lo que no es aceptable es que se pida que los lingüistas apoyen reglas que no son de su competencia y que además se han establecido sin atender a sus criterios, al tiempo que se hacen juicios morales precipitados sobre los miembros de este grupo que no aceptan esta situación irregular y única en el mundo de la investigación y de la ciencia.

6. El informe de Ignacio Bosque se dedica especialmente al último punto de los cuatro que mencionamos. Aun considerando que la lengua fuera cómplice y ayuda de los sesgos sexistas de la sociedad española y que un cambio obligado en el uso lingüístico de la administración ayudara a conseguir una sociedad más igualitaria, las guías a las que hacemos referencia no serían adecuadas.
 

6.1 En primer lugar, parece que estas guías no han sido construidas desde un conocimiento profundo del acto referencial. Así, por ejemplo, nadie parece haber visto la contradicción obvia entre afirmar que el género de las expresiones referenciales  se interpreta de forma sexuada y al mismo tiempo aconsejar el uso de términos genéricos del tipo de
 estudiante. La razón de esta recomendación es que, según estás guías, el masculino genérico evoca mentalmente un referente masculino. Aun si esto fuera cierto, no se subsanaría nada al emplear palabras como estudiante, porque obviamente el concepto que evoca tiene necesariamente un sexo biológico particular, y no cabe esperar que el hablante imagine este concepto como una entidad asexuada. Si la forma en -o (alumno) evoca un concepto masculino es por culpa de los estereototipos culturales, no por la terminación del sustantivo. Por esta razón, una terminación distinta no soluciona nada: estudiante evocará en los mismos hablantes un concepto masculino. Hemos complicado la vida de los hablantes, pero no hemos resuelto ningún problema. 

6.2 En segundo lugar, como muy atinadamente apunta Ignacio Bosque en su informe, muchas de las indicaciones de las guías aconsejan renunciar a distinciones irrenunciables en el estudio de la lengua. Valga como ejemplo para los amantes de la lógica clásica: se aconseja que sustituyan los cuantificadores universales (
Todos los estudiantes) –que al marcar género forzarían un referente masculino, según estas guías– por distributivos (Cada estudiante) sin esa peligrosa marca de género. Para comprobar que esta sustitución nos ha obligado a decir algo distinto de lo que queríamos decir, compárese Todos los estudiantes vinieron juntos conCada estudiante vino juntos, que es imposible. 

6.3 Como consecuencia de la falta de naturalidad y dificultad de aplicación de las expresiones que recomiendan estas guías, se añade el peligro de que los textos legales que traten de seguirlas entren en contradicciones. Entendemos que si se usa de manera regular el masculino como simple masculino, en aquellos párrafos en los que aparezca como genérico habrá problemas en la interpretación del texto legal y alguien podría terminar alegando que es lícito encarcelar a una mujer sin juicio porque la afirmación
 Todos los españoles son inocentes si no se demuestra lo contrario solo se aplica a los varones, ya que si se hubiera deseado incluir a las mujeres se debería haber dicho Todas las personas españolas son inocentes si no se demuestra lo contrario. Sospechamos que este no es el tipo de efecto que aspiran a obtener estas guías.

6.4 En consecuencia de todo lo anterior, al considerar todos los usos lingüísticos que contienen género gramatical de algún modo como igualmente sexistas, los rasgos que realmente lo son –como los rasgos léxicos a los que aludimos en 3.1– quedan, esta vez sí, invisibilizados. Puestos a legislar contra las manifestaciones de sexismo en el lenguaje, tendría mucha mayor efectividad y sería mucho más factible definir leyes contra el uso de ciertos insultos dirigidos exclusivamente a las mujeres y así evitar, por ejemplo, que un juez absuelva a quien ha llamado a su pareja
 zorra con la excusa de que, más que un insulto, el apelativo era una descripción.

7. Consecuentemente, creemos que:

            7.1. Es falso y aun absurdo afirmar que una gramática tenga una ideología

            7.2. Aun si esto fuera cierto –que no lo es– no es labor del lingüista hacer juicios morales sobre esa ideología

            7.3. Y aun si el lingüista debiera hacer juicios morales, no sería posible ni deseable forzar los cambios mediante reglas que afecten al uso de la lengua. Los cambios tienen que provenir de otras vías, al menos si queremos evitar que el lenguaje no sexista sea un modo de maquillar una realidad que sigue siendo discriminatoria con la mujer.

            7.4 Por todo ello, estamos de acuerdo con el informe en considerar que las denominadas guías del lenguaje no sexista no son adecuadas por no ser útiles a lo que pretenden y no estar basadas en un conocimiento de los matices lingüísticos ni del propio acto de referencialidad.

Tromsø, 6 de marzo de 2012