23 enero 2013

'Cualquiera’ no es una palabra cualquiera


‘Cualquiera’ no es una palabra cualquiera


Clara, personaje de la revista 'El Jueves'. Dibujo de Jordi Bernet.
Hay palabras que resultan tremendamente simples y que no tienen ningún misterio: ‘mesa’ es un sustantivo femenino, significa lo que todos sabemos que significa (aunque en realidad tiene muchas acepciones) y su plural se forma añadiendo una ‘-s’. Otras, por el contrario, me parecen fascinantes por la cantidad de secretos que esconden. Una de ellas es ‘cualquiera’. ¿Ustedes podrían definirla sin tener que recurrir a un diccionario? Tarea difícil… A esto se suman otras singularidades: se trata de un adjetivo –y pronombre– que ha dado lugar a un sustantivo, su plural es curiosísimo, puede disminuir de tamaño gracias a la magia de la apócope y a veces, sin darnos cuenta, la empleamos mal por influencia del inglés. ¿Les parece poco encanto?
Los diccionarios definen la voz ‘cualquiera’ de diversas formas. El de la Real Academia Española indica que se trata de un adjetivo y pronombre indefinido que quiere decir ‘una persona indeterminada, alguno, sea el que fuere’ y el Diccionario de uso del español (Gredos), de María Moliner, señala que “se aplica a una cosa o una persona indeterminada o indiferente en su género”. El María Moliner la disecciona con mimo y nos descubre otros usos, como el que expresa esperanza, temor o seguridad (‘Cualquier día aparecerá en tu casa’) y el que sugiere duda (‘¡Cualquiera arregla eso!’. Aquí está funcionando como pronombre). Pero la descripción que más me gusta es la que da el gramático Salvador Fernández, a quien cita Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa): “Expresa la indistinción de una o varias cosas dentro de la serie, la idéntica manera de actuar el sujeto frente a unas y otras”.
En la oración ‘Para arreglar la bici me sirve un lugar cualquiera’ estoy expresando que ese lugar forma parte de una lista de lugares que no presentan diferencias como emplazamiento adecuado para arreglar la bici. También podría decir ‘Para arreglar la bici me sirve cualquier lugar’. Al darle este meneo a la oración, no solo he eliminado el artículo ‘un’, sino que le he quitado la ‘-a’ final a ‘cualquiera’, o sea, la he apocopado. ¿Por qué? Porque así es como se hace cuando este adjetivo va “antepuesto al sustantivo, tanto si este es masculino como femenino”, señala el Diccionario panhispánico de dudas. También se recurre a la apócope cuando antes del sustantivo se cuela otro adjetivo: ‘Para arreglar la bici me sirve cualquier simple lugar’.
Ya sea como adjetivo o como pronombre, esta encantadora palabra carece de variación de género. Por eso decimos ‘Un pueblo cualquiera’, ‘Una casa cualquiera’, ‘Cualquier hombre’ y ‘Cualquier mujer’. No obstante, el Panhispánico aclara que en el español de Chile se emplea ‘cualquiera’, sin apocopar, ante sustantivos femeninos: ‘Cualquiera casa’, como si esa ‘-a’ estuviera marcando el género. Rarezas del idioma…
Y ahora vamos con el plural. Como ustedes supondrán, esta voz es una combinación de ‘cual’ y la forma verbal ‘quiera’, y esa es la razón por la que la variación de número no la hacemos añadiendo ‘-s’ al final –‘cualquieras’–, sino ‘-es’ al pronombre ‘cual’: ‘cualesquiera’ (lo mismo ocurre con la forma apocopada: ‘cualesquier’, aunque en la actualidad casi no se usa). Muchos de nosotros nos olvidamos a veces de ese plural y escribimos cosas como esta que cita Seco en su diccionario: “Cualquiera que fueran los hechos…”. El error lo cometió Ramón J. Sender en su famosa Crónica del alba. Lo correcto aquí es ‘Cualesquiera que fueran los hechos…’.
Por el contrario, algunos creen que usando el plural donde va el singular su oración queda más elegante, aunque en realidad al hacerlo están dándole una bofetada a nuestra lengua: ‘No me importa tu problema, cualesquiera que sea’. Me pasé once años corrigiéndole este error a un columnista de un periódico de Tenerife y, aunque no diré quién es, sí diré su pecado: incurría este señor en la ultracorrección, una costumbre muy poco sana. El ortógrafo José Martínez de Sousa la define así: “… deformación de una palabra por equivocado prurito de corrección o por analogía de unas voces con otras”. Los ultracorrectos son esos que escriben barbaridades como ‘líbido’ porque creen, en su ignorancia, que ‘libido’ es un error. En fin…
Sousa también nos dice, en su Diccionario de usos y dudas del español actual (Ediciones Trea), que debemos evitar el anglicismo de emplear ‘cualquiera’ y su forma apocopada con el sentido que a veces se da en inglés al adjetivo ‘any’. Así, no sería adecuado decir ‘Cualquiera que llegue tarde será castigado’ (el ejemplo es de Sousa), sino ‘Todo el que llegue tarde será castigado’. La Fundación del Español Urgente (Fundéu) pone este otro ejemplo de uso incorrecto: ‘El acusado negó cualquier relación con los atentados’. Lo correcto es ‘El acusado negó toda relación con los atentados’.
Vayamos terminando. Decía al principio que ‘cualquiera’ también se emplea como sustantivo: precedido de ‘un’ o ‘una’, significa ‘persona de poca importancia o indigna de consideración’, según el Panhispánico. Aquí su plural no tiene nada que ver con el del adjetivo y se forma de manera más natural, añadiendo ‘-s’ al final: ‘Pedro es un cualquiera’, ‘Pedro y Juan son unos cualquieras’. Nos advierten la RAE y el María Moliner que no es habitual el uso del femenino, pues también significa ‘mujer de mala vida’ y ‘prostituta’.
Estas advertencias nos recuerdan que la lengua española sigue siendo muy machista, algo que podemos comprobar si buscamos ‘hombre público’ en el diccionario. Según la RAE, se trata de aquel ‘que tiene presencia e influjo en la vida social’. Como todos sabemos –y así lo explica elMaría Moliner–, esta locución se usa especialmente para referirse a los políticos. Sin embargo, para los académicos una ‘mujer pública’ no es una señora que se dedica a la política, sino una prostituta. Allá ellos y sus definiciones: con la que está cayendo en estos días en España, me parece menos digno ser un hombre público que una mujer pública. Y al decir ‘mujer pública’ me estoy refiriendo a una cualquiera. A una puta, vamos.
Ramón Alemán

Blecua: "El español ha ganado ya a todas las lenguas románicas en Estados Unidos"

Blecua: "El español ha ganado ya a todas las lenguas románicas en Estados Unidos"

20 octubre 2012

Nuevas formas de alfabetización



La orquestación de la prensa Collage

Jason Ohler

Ser capaz de leer y escribir múltiples formas de medios de comunicación e integrarlos en un todo significativo es el sello nuevo de la alfabetización.


http://www.ascd.org/publications/educational-leadership/mar09/vol66/num06/Orchestrating-the-Media-Collage.aspx

Interesante trabajo para repensar las prácticas.

23 septiembre 2012

La Intrusa


Por Pedro Orgambide 

"Un pueblo que lee es un pueblo culto."

Ella tuvo la culpa, señor Juez. Hasta entonces, hasta el día que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico. 

El año pasado, sin ir muy lejos, recibí una medalla del mismo gerente. En cuanto a ésa, me pareció sospechosa desde el primer momento. Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además ¡qué exageración! recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían en elogios. Alguno deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, Señor Juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que colman la medida. La intrusa, poco a poco, me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. "González - me dijo el Gerente - lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios". Veinte años, Señor Juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor Juez, y que le pegué con todas mis fuerzas. Fui yo quien le dio con el fierro. Le gritaba y estaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera  la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.


["La intrusa" pertenece al libro de relatos La Buena gente (1970), Buenos Aires, Sudamericana]


¿Todo cuento es un cuento chino?



Por Gabriel García Márquez

Escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir un cuento es vaciar en concreto. No sé de quién es esa frase certera. La he escuchado y repetido desde hace tanto tiempo sin que nadie la reclame, que a lo mejor termino creyendo que es mía. Hay otra comparación que es pariente pobre de la anterior: el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos. En todo caso esta pregunta del lector ofrece una buena ocasión para dar vueltas una vez más, como siempre, sobre las diferencias de dos géneros literarios distintos y sin embargo confundibles. Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo. La diferencia es válida entre un cuento y otro, pero no entre cuento y novela.

El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso, reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

Nada más. Hay otro de Las Mil y una Noches, cuyo texto no tengo a la mano, y que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.

Más que el cuento mismo alucinante por su sencillez, éste me interesa ahora porque plantea otro de los misterios del género: si la que presta el plomo no fuera una mujer sino otro hombre, el cuento perdería su encanto: no existiría. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Un misterio más de un género misterioso por excelencia.

Las Novelas Ejemplares de Cervantes son de veras ejemplares, pero algunas no son novelas. En cambio Joseph Conrad escribió Los Duelistas, un cuento también ejemplar con más de ciento veinte páginas, que suele confundirse con una novela por su longitud. El director Ridley Scott lo convirtió en una película excelente sin alterar su identidad de cuento. Lo tonto a estas alturas sería preguntarnos si a Conrad le habría importado un pito que lo confundieran.

La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.

Buenos ejemplos de cuentos compactos e intensos son dos joyas del género: La Pata de Mono, de W.W. Jacobs, y El Hombre en la Calle, de Georges Simenon. El cuento policiaco, en su mundo aparte, sobrevive sin ser invitado porque la mayoría de sus adictos se interesan más en la trama que en el misterio. Salvo en el muy antiguo y nunca superado Edipo Rey, de Sófocles, un drama griego que tiene la unidad y la tensión de un cuento, en el cual el detective descubre que él mismo es el asesino de su padre.

El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra.

No sé qué decir sobre la suposición de que el cuento sea una pausa de refresco entre dos novelas, pero podría ser una especulación teórica que nada tiene que ver con mis experiencias de escritor. Tanteando en las tinieblas me atrevería a pensar que no son pocos los escritores que han intentado los dos géneros al mismo tiempo y no muchas veces con la misma fortuna en ambos. Es el caso de William Somerset Maugham, cuyas obras -como las de Hemingway- son más conocidas por el cine. Entre sus cuentos numerosos no se puede olvidar P&O -siglas de la compañía de navegación Pacific and Orient- que es el drama terrible y patético de un rico colono inglés que muere de un hipo implacable en mitad del océano Índico.

Ernest Hemingway es un caso similar. Tan conocido por el cine como por sus libros, podría quedarse en la historia de la literatura sólo por algunos cuentos magistrales. Estudiando su vida se piensa que su vocación y su talento verdaderos fueron para el cuento corto. Los mejores, para mi gusto, no son los más apreciados ni los más largos. Al contrario, dos de ellos son de los más cortos - Un canario para regalo y Un gato bajo la lluvia -, y el tercero, largo y consagratorio, La breve vida feliz de Francis Macomber.

Sobre la otra suposición de que el cuento puede ser un género de práctica para emprender una novela, confieso que lo hice y no me fue mal para aprender a escribir El Otoño del Patriarca. Tenía la mente atascada en la fórmula tradicional de Cien Años de Soledad, en la que había trabajado sin levantar cabeza durante dos años. Todo lo que trataba de escribir me salía igual y no lograba evolucionar para un libro distinto. Sin embargo, el mundo del dictador eterno, resuelto y escrito con el estilo juicioso de los libros anteriores, habrían sido no menos de dos mil páginas de rollos indigestos e inútiles. Así que decidí buscar a cualquier riesgo una prosa comprimida que me sacara de la trampa académica para invitar al lector a una aventura nueva.

Creí haber encontrado la solución a través de una serie de apuntes e ideas de cuentos aplazados, que sometí sin el menor pudor a toda clase de arbitrariedades formales hasta encontrar la que buscaba para el nuevo libro. Son cuentos experimentales que trabajé más de un año y se publicaron después con vida propia en el libro de La Cándida Eréndira: Blacamán el bueno vendedor de milagros, El último viaje del buque fantasma, que es una sola frase sin más puntuación que las mínimas comas para respirar, y otros que no pasaron el examen y duermen el sueño de los justos en el cajón de la basura. Así encontré el embrión de El Otoño, que es una ensalada rusa de experimentos copiados de otros escritores malos o buenos del siglo pasado. Frases que habrían exigido decenas de páginas están resueltas en dos o tres para decir lo mismo, saltando matones, mediante la violación consciente de los códigos parsimoniosos y la gramática dictatorial de las academias.

El libro, de salida, fue un desastre comercial. Muchos lectores fieles de Cien Años se sintieron defraudados y pretendían que el librero les devolviera la plata. Para colmo de peras en el olmo la edición española se desbarataba en las manos por un defecto de fábrica, y un amigo me consoló con un buen chiste: "Leí el otoño hoja por hoja". Muchos persistieron en la lectura, otros la lograron a medias y con el tiempo quedaron suficientes cautivos para que no me diera pena seguir en el oficio. Hoy es mi libro más escudriñado en universidades de diversos países, y las nuevas generaciones pueden leerlo como si fuera el crepúsculo de un Tarzán de doscientos años. Si alguien protesta y lo tira por la ventana es porque no le gusta pero no porque no lo entienda. Y a veces, por fortuna, no ha faltado alguien que lo recoja del suelo.

http://www.youtube.com/watch?v=uGgpzRxMvGA&feature=fvwrel

Normas APA

Para tener  emplear en los trabajos académicos.

http://www.suagm.edu/umet/biblioteca/pdf/GuiaRevMarzo2012APA6taEd.pdf

07 agosto 2012

Evaluación del Plan 2008: algunos aspectos a tener en cuenta



SISTEMA ÚNICO NACIONAL DE FORMACIÓN DOCENTE 2008 (Aprobado por Acta No. 63 Res. No. 67 del 18 de octubre de 2007)

X. NORMATIVA



http://www.cfe.edu.uy/images/stories/pdfs/normativa/normativa_estud.pdf


Art. 47.- La nota del curso reflejará no sólo resultados sino el proceso realizado por el estudiante. En todos los casos, se propiciará la auto-evaluación del estudiante. Los promedios que se realicen serán conceptuales y no meramente numéricos.
Art. 48.- Se evaluará en base a la escala de calificaciones de uno (1) a doce (12):
1 – DR
2 – RD
3 – R
4 – RB
5 – BR
6 – B
7 – BMB
8 – MBB
9 – MB
10 – MBS
11 – SMB
12 – STE
Art. 49.- En el caso de los estudiantes reglamentados, el sistema de evaluación de las asignaturas se basará en:
a) Las actividades escritas, orales y/o prácticas y experimentales u otras que a juicio del profesor, en acuerdo con el Departamento, constituyan evidencia de aprendizaje y eventualmente merezcan calificación.
b) Dos pruebas parciales, obligatorias, una de ellas de carácter presencial e individual, cuya naturaleza será determinada por el Docente en coordinación con el Departamento. En el caso de las asignaturas anuales la primera de las mismas se realizará antes de la interrupción de julio y la segunda antes del 15 de octubre del año lectivo, en el caso de las asignaturas semestrales mediará por lo menos un mes entre ambas pruebas. Para la evaluación del segundo parcial será convocado otro docente a propuesta del Departamento.
c) Un examen final, si correspondiere, cuya naturaleza será determinada con similar procedimiento a las pruebas parciales.
(...)


Art. 55.- Todas las asignaturas, excepto la Unidad Didáctica - Práctica Docente de 2do. y 3er. podrán ser exonerados de examen, mediante la obtención de un promedio conceptual anual o semestral, según corresponda, de 9 o superior. A estos efectos, la nota de cada una de las pruebas parciales no podrá ser inferior a 6.
Art. 56.- La Unidad Didáctica - Práctica Docente de 2do. y 3er. Año se aprueba con 6. En el caso de una calificación menor a 6 deberá recursarla.
Art. 57.- Si la calificación final de una asignatura es entre 5 y 8, el estudiante ganará el curso y quedará habilitado para rendir el examen final en carácter de reglamentado.
Art. 58.- Si la calificación final de una asignatura es entre 1 y 4, el estudiante podrá optar entre rendir examen en carácter libre a partir del período Noviembre-Diciembre del año en curso o recursar.
Art. 60.- Los seminarios y talleres serán aprobados con una nota mínima de 6. De obtenerse una calificación inferior, se deberá recursar los mismos.
Art. 61.- En caso de parciales y trabajos de seminarios y talleres, el docente dispondrá de un plazo máximo de quince días para su corrección y devolución a los estudiantes de los resultados.


CAPITULO V: DE LOS EXÁMENES.
Art. 62.- Para los exámenes de asignaturas anuales, con excepción de la unidad Didáctica-Práctica Docente, se tendrán en cuenta los siguientes períodos:
a) Noviembre-diciembre
b) Febrero
c) Julio
e) Setiembre (previaturas)
Para los exámenes de asignaturas semestrales el ciclo de períodos se iniciará en el primer período posterior a la culminación del curso.
Para el examen de la Unidad Didáctica Práctica Docente de 4º año se establece como único período al final del curso.
Art. 63.- Los exámenes, tanto libres como reglamentados, constarán de una instancia escrita, y una oral y/o práctica. La instancia escrita será eliminatoria, pudiendo acceder a la siguiente quien obtenga una calificación mínima de 5.
Art. 64.- Todos los exámenes serán presenciales.
(...)




Exposición oral


INSTITUTO DE FORMACIÓN DOCENTE DE ARTIGAS
FORO ACADÉMICO
Prof. Miguel Sosa Beninca
Fecha 30 de julio de 2012
RESUMEN DE LA PRESENTACIÓN

Exposición oral            
Uno  o varios presentan una información a un  público.

FUNCIONES DE LA LENGUA:

- Referencial: presentación de un objeto de conocimiento.             
–Fática: el emisor entabla una relación  cuya respuesta no puede ser esperada.

Cuando un estudiante debe presentar en forma oral un tema de estudio frente a un grupo debe considerar lo siguiente:

1-El auditorio está formado por un colectivo que está en la misma frecuencia cognitiva que él.
–Conoce acerca del tema.
–Tiene la obligación  de escuchar la información.

2-En el contenido de la comunicación se transmiten otros mensajes a través de símbolos, señales, sentimientos, actitudes.
Postura académica: respeto por el conocimiento y los oyentes.

3- La organización del contenido se ajusta a este modelo:
- Proposición de carácter debatible. 
– El tema delimitado se presenta a través de un enunciado cuestionable breve y claro                    

4-A partir de la afirmación inicial se presenta una afirmación lógica. Se intercalan ejemplos  comentarios e incluso afirmaciones contradictorias.

EXPECTATIVAS DEL ENUNCIATARIO

¿Qué seguridad tengo de conocer y dominar el tema?
¿Con cuántos apoyos cuento? ¿De qué calidad son?
¿Están debidamente organizados?   ¿Son adecuados?

A CONSIDERAR: PAUTAS O CLAVES:

a-  Respeto por el conocimiento y los otros.

b-  Tema: se domina y comprende. Previamente se ha establecido empatía con él.

c-   Lenguaje: se organiza el discurso en forma lógica, en lo posible en estilo directo.

d-   Los apoyos: Utilizar todos los medios electrónicos de comunicación relacionados con la vista y oído. Las imágenes refuerzan las palabras, Emplearlos como recursos mnemotécnicos.



 DINÁMICA DE LA EXPOSICIÓN

A toda exposición antecede un proceso de preparación, acopio y selección de información. Es recomendable elaborar un guión. Luego se preparan los apoyos: carteles, acetatos, papelógrafos, audiovisuales, diapositivas (power point).

SUGERENCIAS O NUEVAS PAUTAS.

1-   Introduzca, desarrolle, concluya. En la introducción se anuncia el tema y el punto de vista del autor. En el cuerpo de la explicación (desarrollo) se presentan las relaciones entre las ideas y sobre todo, la articulación entre la información conocida y la nueva. En la conclusión se aporta una visión de conjunto o resumen de lo que se considera esencial.

2-   Domine el miedo escénico. Muéstrese tranquilo. Se lo logra estudiando debidamente el tema.

3-   No lea los apoyos, su auditorio sabe leer. Utilícelos como tales, como apoyos. Deje que ellos le den brillo a su exposición. Solicite ayuda a un compañero para el manejo de los equipos.

4-   Deje hablar al  auditorio. Evite el diálogo. En el discurso destaque sus opiniones y juicios personales. El momento adecuado para las críticas y opiniones es el de la  conclusión.

5-   Previamente verifique el funcionamiento de todo aparato eléctrico, electrónico o informático.

6-   En el caso de hacer la exposición en equipo, determinar claramente el orden de los expositores.