Estimados: Este blog busca ser un punto de encuentro entre ustedes y yo. Aquí podrán encontrar materiales que les va a servir en las clases y también podrán compartir. Pueden realizar sugerencias, pues comunicándonos, podemos entendernos mejor.
11 marzo 2013
Para quienes preguntaron: oxímoron
El oxímoron funciona en un sentido
metafórico ya que su significado literal resulta absurdo o
incoherente. Por ejemplo: “Su obra está cubierta por una luminosa
oscuridad” es un oxímoron que podría hacer referencia a un estilo
artístico relevador. “La droga ofrece un placer doloroso” es
otro oxímoron, en este caso, para hacer referencia a las sustancias químicas
que pueden generar una sensación agradable momentánea, pero que causan serios
problemas en el largo plazo.
Esta figura retórica permite ocultar
una intención sarcástica bajo una expresión que, en
apariencia, es absurda: “Un silencio atronador descendió desde la
tribuna hasta la cancha y desconcertó a los jugadores”.
En ocasiones, se dice que ciertas
expresiones son oxímoron por una cuestión de juicio subjetivo. Ese es el caso
de frases como “inteligencia militar” o “armas
inteligentes”; hay quienes creen que la inteligencia no
se aplica en el ámbito militar ya que no resultan racionales las técnicas o
disciplinas que buscan la destrucción de otras personas.
Algunos oxímoron forman parte del
lenguaje cotidiano como “casi siempre”, “apuesta segura”, “accidente
afortunado” o “aldea global”: “Este programa lo
veo casi siempre”, “Voy a invertir en ese banco, es una apuesta
segura”, “Fue un accidente afortunado: sólo sufrió unos raspones”.
Cabe destacar que, de acuerdo a la Real Academia Española (RAE), el término
oxímoron debe permanecer sin cambios en plural.
10 marzo 2013
María Elena Walsh (1947)
Llegué a tus aguas, a tu triste puerto,
a tu caudal, edad enamorada.
Para morir y renacer advierto
mi vida sin usar, mi voz prestada.
Ya me convocas para todo asombro
y de obstinado fuego me alimentas;
mientras tanto me pesan en el hombro
tus fierros, tus palomas, tus tormentas.
(«Invocación a la profunda adolescencia»)
Que el silencio presida mi pavorosa angustia,
que nada en mí pretenda huir de lo inevitable.
Para sufrir más tarde el tiempo de las lágrimas
vivo ahora esta edad de sed y aprendizaje.
(«Término»)
María Elena Walsh (1947)
02 marzo 2013
El papa renuncia, no dimite ni abdica
Los papas no dimiten ni abdican de su ministerio, renuncian a él.
Con motivo de la renuncia del papa Benedicto XVI a su ministerio, han aparecido informaciones en las que se utilizan dimitir o dimisión para referirse a esta circunstancia: «El papa Benedicto XVI anuncia su dimisión» o «El papa dimite: “Ya no tengo fuerzas”».
Los términos adecuados para indicar que un papa deja de ejercer su dignidad clerical son renunciar y renuncia, según figura en el Código de Derecho Canónico.
Por lo tanto, en los ejemplos anteriores habría sido más adecuado escribir «El papa Benedicto XVI anuncia su renuncia» o «El papa renuncia “Ya no tengo fuerzas”».
Se recuerda también que, según la Ortografía de la Real Academia Española, la palabra papa, como otros nombres de títulos, dignidades o cargos, se escribe con minúscula inicial.
23 enero 2013
¿Pero qué le estáis haciendo a ‘mis’ palabras?
Un vistazo rápido al cambio de significado de algunos términos tradicionales españoles
Federico Romero
Que las palabras cambian de significado con el tiempo y que eso, además, ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá es algo que se da por descontado y que no preocupa en exceso; eso sí, hasta que el asunto empieza a afectar a voces cuyo sentido nunca habíamos sospechado que pudiera estar también en movimiento. Aquí se recogen algunas de esas modificaciones, en muchas de las cuales el influjo del inglés desempeña una función destacada.
Los hablantes tenemos con nuestro idioma materno una peculiar relación afectiva. Es ley de vida que las lenguas evolucionen, y que lo haga, por tanto, el sentido de algunas voces. Sin embargo, inconscientemente se consideran intocables ciertas normas y significados aprendidos de padres y maestros. Por eso, cualquier cambio resulta como una ofensa a los antepasados y un atentado a una de las pocas cosas estables de la vida. Es entonces cuando sobreviene el respingo, la sensación de que se mueve el suelo bajo los pies. Este núcleo irreductible es diferente para cada uno y varía con la edad, pero hasta el más acomodaticio es capaz de proferir un “¡Hasta ahí podíamos llegar!” si se traspasan ciertas lindes, si se manosean nuestras palabras.
El primer Diccionario de la RAE se publicó en 1726, la próxima edición saldrá en el 2014. / RAE
Pero, a despecho de tan íntimas irritaciones, los significados se mueven (como todo lo demás). A modo de ilustración, proponemos un puñado de voces españolas que han visto modificados los suyos en las últimas décadas, no sin enconada resistencia por parte de buen número de estudiosos e infinidad de hablantes. La mayor parte de los casos traslucen la influencia de otros idiomas —muy especialmente, el peso cada vez mayor del inglés en nuestra lengua—, pero en otros late simplemente una ocurrencia que hizo fortuna…
Patético. El Diccionario de la lengua española(DRAE) define patético como: ‘Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía’. Patética llamaría alguien de más de treinta años a laPiedad, de Miguel Ángel; a la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, o a la Sinfonía n.º 6, de Chaikovski, denominada precisamente Patética. Todas estas obras, además de conmovernos, infunden una sensación de tremendo respeto por la emoción que expresan. Resulta patética una imagen de niños muriéndose de desnutrición o de una familia expulsada de su casa por haber sido embargada. Pero este significado parece tener los días contados. Por influencia del inglés se han colado otras acepciones del adjetivo, las de ‘penoso’, ‘despreciable’, ‘lamentable’, que se están imponiendo a marchas forzadas; por ejemplo, en la frase: “Tía, eres patética. ¿Cómo se te ocurre ponerte ese vestido?”.
Versátil. En la actualidad, casi nadie se ofende si dicen de él que es versátil. Más bien lo tomará como un elogio, pensando que se refieren a que es, como dice el DRAE, ‘capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones’, cualidad muy estimable en tiempos de escasa estabilidad laboral.
Hace pocos años, sin embargo, lo que habría entendido es que lo tildaban de persona ‘de genio o carácter voluble e inconstante’, es decir, que lo llamaban veleta, alguien del que no puede uno confiar que persista en sus opiniones o decisiones. El nuevo sentido de versátil se lo debemos también en esta ocasión al inglés, idioma en el que versatile significa ‘de talentos variados’, ‘con muchas facetas’, ‘ágil’, ‘flexible’... La Academia ha acabado por recoger esta nueva acepción del adjetivo.
Pírrico. Pirro fue un rey de Epiro, en la Magna Grecia, que luchó contra los romanos en el siglo III antes de Cristo y los derrotó en varias batallas, pero a costa de tantas pérdidas que cuentan que exclamó: “¡Otra victoria como esta y estoy vencido!”. Desde entonces se ha denominado victoria pírrica a aquella que resulta más costosa para el triunfador que para su adversario, con lo que prácticamente equivale a una derrota. Sin embargo, a alguien que no debía de estar al corriente de lo que quiere decir victoria pírrica pero le gustaba cómo sonaba la expresión se le debió ocurrir aplicárselo a lo que comúnmente llamamos victoria por la mínima o por los pelos. El invento cuajó y se extendió por los ámbitos político y deportivo, por lo que hoy no es raro oír frases como “Victoria pírrica del Atlético de Madrid gracias a un gol de Salvio a última hora”.
Bizarro. He aquí otro término que se ha desvalorizado de manera radical en los últimos años.Bizarro ha significado tradicionalmente en español ‘valiente’, ‘animoso’, ‘gallardo’, ‘generoso’, ‘lucido’, ‘espléndido’. Pero comoquiera que bizarre significa en francés y en inglés ‘raro’, ‘extravagante’, ‘estrambótico’, el calco estaba cantado, y a estas alturas del partido lo raro no es que alguien diga “Ese es un friki, un tipo bizarro”, sino que haya quien recuerde los sentidos elogiosos que tuvo la palabra y que son, por cierto, los únicos que siguen apareciendo en el DRAE.
Muchas palabras han cambiado de significado por la influencia del inglés. / FUNDÉU
Evento. Se trata de una palabra cuyo significado ha dado un giro de 180 grados en muy poco tiempo. Tradicionalmente,evento se empleaba para referirse a un ‘acontecimiento’, una ‘eventualidad’, un ‘hecho imprevisto o que puede acaecer’... o no, como un accidente o un terremoto. Por ese toque de imprevisibilidad que comportaba, a nadie se le ocurría utilizarlo para aludir a un acto programado, como un partido de fútbol, un congreso o las rebajas de enero. Pero el término inglés event tiene, además de esos sentidos, los de ‘prueba deportiva’, ‘acto’ o ‘número’ de un espectáculo. Así fue como a finales del siglo pasado se empezó a utilizar evento con el sentido de ‘acto programado’, es decir, exactamente lo contrario: “El próximo viernes tendrá lugar un evento largamente esperado: el estreno de la última película de Woody Allen”.
Lo curioso en este caso es que, mientras que al significado de evento se le ha dado la vuelta como a un calcetín, otras palabras emparentadas con ella, como eventual yeventualidad, mantienen sus sentidos originales —‘sujeto a cualquier contingencia’ y ‘hecho o circunstancia de realización incierta o conjetural’—, con lo que la confusión está servida.
Sofisticado. Si bizarro cambió su sentido positivo por otro que no lo es tanto, sofisticado recorrió el camino contrario. Procedente del verbo sofisticar, que quiere decir ‘falsificar o corromper algo’, se usó durante largo tiempo para aludir a lo ‘falto de naturalidad’ o ‘afectadamente refinado’. A finales del siglo XX, sin embargo, la Academia recogió una nueva acepción en la que se aprecia el influjo del inglés, ‘complejo, complicado’ (referida a aparatos, técnicas o mecanismos), a la que en breve se unió otra: ‘elegante, refinado’. En pocos años, pues,sofisticado se sacudió de encima la connotación de poco natural y afectado para convertirse prácticamente en un piropo.
Deleznable. Este adjetivo comenzó empleándose para referirse, como recoge el DRAE, a lo ‘que se desliza o resbala con mucha facilidad’, y a partir del siglo XIX se usó también con los sentidos de ‘que se rompe o deshace fácilmente’ y ‘poco durable, inconsistente’. No es que se trate de cualidades muy positivas, pero el siguiente paso fue peor.
A finales del siglo XX, puede que a causa de algún parecido fonético entre ambas palabras, comenzó a emplearse deleznable como sinónimo de despreciable, y la Academia ha incluido esta acepción en la última edición de su diccionario.
Testar. Originalmente, testar era ‘hacer testamento’, y así sigue utilizándose. Más tarde incorporó los sentidos de ‘declarar como testigo’, ‘embargar judicialmente o denunciar una cosa pidiendo su embargo’ (que ya no se emplean) y ‘tachar, borrar’. Luego, ¡cómo no!, intervino el inglés, idioma en el que to test significa ‘someter algo a control o a prueba’, y empezó a utilizarse el verbo testar para referirse a ello.
El Diccionario de la RAE es fruto del consenso de las 22 Academias de la Lengua. / RAE
En este caso, las Academias de la Lengua han reaccionado y en el Diccionario panhispánico de dudas se lee que testar y la variante testear “son calcos innecesarios del inglés, ya que, con ese mismo sentido, existen en español los verbos examinar, controlar, analizar, probar o comprobar”; consecuentemente, está previsto que en la próxima edición del DRAE se omita esa acepción del verbo testar.
Guay. Es un adjetivo o un adverbio que se emplea coloquialmente en España con los sentidos de ‘muy bueno, estupendo’ y ‘muy bien’ (“Me parece guay”). Se trata de una acepción reciente que ha barrido del mapa el uso deguay como interjección poética utilizada para lamentarse (“¡Guay de ti!”, es decir, “¡Ay de ti!”), de la que derivó la locución tener muchos guayes, que quiere decir “padecer grandes achaques o muchos contratiempos de la fortuna”.
Nominar. El verbo nominar es un cultismo que equivale a nombrar (‘dar nombre a algo o a alguien’). La Academia decidió añadirle en la última edición del DRAE dos nuevas acepciones que se habían extendido en el ámbito hispanohablante: ‘designar a alguien para un cargo o cometido’ (“Lo han nominado candidato a alcalde”) y ‘presentar o proponer a alguien para un premio’ (“Está nominado al premio de la Academia”). En efecto, lo han adivinado: son dos acepciones que tiene también el verbo inglés to nominate.
Nominalismo, nominalista. Por seguir con una palabra de la misma familia, hace poco el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo que no quería entrar en “debates nominalistas”. Con ello quería decir que se negaba a debatir sobre si a algo había que llamarlo de una forma o de otra. Puede que este uso acabe cuajando; ahora está relativamente extendido, pero hasta hace poco nominalismo era solo un término filosófico con el que se denominaba ‘la tendencia a negar la existencia objetiva de los universales, considerándolos como meras convenciones o nombres, en oposición a realismo y a idealismo’.
Puntual. “La puntualidad es la cortesía de los reyes”, decía Luis XIV. Cuando el monarca pensaba en alguien puntual debía de referirse al “que llega o actúa a la hora precisa o convenida”. También se ha llamado puntual a lo ‘indubitable y cierto’, a lo ‘exacto o preciso’ y a lo ‘conforme, conveniente, adecuado’, pero ha habido más reticencias a aceptar que se denominase así a lo ‘aislado o concreto, limitado a un caso individual’, como en la frase: “Ese fue solo un problema puntual”, acepción que ha acabado por imponerse.
Desapercibido. Se trata de un adjetivo que ha suscitado grandes polémicas. Originalmente significaba ‘desprevenido’ y ‘desprovisto’, pero por influencia esta vez del francés, comenzó a usarse con el sentido de ‘inadvertido’, ‘no percibido’, prácticamente solo en la locución pasar desapercibido. Esta acepción fue duramente criticada por galicista, pero se encuentra recogida ya en el Diccionario panhispánico de dudas y también en la última edición del DRAE.
La lista de palabras cuyo significado ha cambiado en los últimos tiempos o se encuentra en plena mudanza podría alargarse hasta el aburrimiento; pensemos, por ejemplo, en los casos de lívido, posicionar, dimensionar, doméstico, localización, homólogo, ignorar, chatear, balance, reportar, ostentar, incidir, dramático, honesto, enervar, álgido, empoderamiento, evidencia... Desconciertos e irritaciones aparte, rastrear estas migraciones e indagar acerca de sus motivos, los caminos que recorren y las peripecias de su nuevo acomodamiento resulta, en verdad, una ocupación fascinante.
http://www.revistaentrelineas.es/26/entretemas/pero-que-le-estais-haciendo-a-mis-palabras?page=full
'Cualquiera’ no es una palabra cualquiera
‘Cualquiera’ no es una palabra cualquiera
Hay palabras que resultan tremendamente simples y que no tienen ningún misterio: ‘mesa’ es un sustantivo femenino, significa lo que todos sabemos que significa (aunque en realidad tiene muchas acepciones) y su plural se forma añadiendo una ‘-s’. Otras, por el contrario, me parecen fascinantes por la cantidad de secretos que esconden. Una de ellas es ‘cualquiera’. ¿Ustedes podrían definirla sin tener que recurrir a un diccionario? Tarea difícil… A esto se suman otras singularidades: se trata de un adjetivo –y pronombre– que ha dado lugar a un sustantivo, su plural es curiosísimo, puede disminuir de tamaño gracias a la magia de la apócope y a veces, sin darnos cuenta, la empleamos mal por influencia del inglés. ¿Les parece poco encanto?
Los diccionarios definen la voz ‘cualquiera’ de diversas formas. El de la Real Academia Española indica que se trata de un adjetivo y pronombre indefinido que quiere decir ‘una persona indeterminada, alguno, sea el que fuere’ y el Diccionario de uso del español (Gredos), de María Moliner, señala que “se aplica a una cosa o una persona indeterminada o indiferente en su género”. El María Moliner la disecciona con mimo y nos descubre otros usos, como el que expresa esperanza, temor o seguridad (‘Cualquier día aparecerá en tu casa’) y el que sugiere duda (‘¡Cualquiera arregla eso!’. Aquí está funcionando como pronombre). Pero la descripción que más me gusta es la que da el gramático Salvador Fernández, a quien cita Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española (Espasa): “Expresa la indistinción de una o varias cosas dentro de la serie, la idéntica manera de actuar el sujeto frente a unas y otras”.
En la oración ‘Para arreglar la bici me sirve un lugar cualquiera’ estoy expresando que ese lugar forma parte de una lista de lugares que no presentan diferencias como emplazamiento adecuado para arreglar la bici. También podría decir ‘Para arreglar la bici me sirve cualquier lugar’. Al darle este meneo a la oración, no solo he eliminado el artículo ‘un’, sino que le he quitado la ‘-a’ final a ‘cualquiera’, o sea, la he apocopado. ¿Por qué? Porque así es como se hace cuando este adjetivo va “antepuesto al sustantivo, tanto si este es masculino como femenino”, señala el Diccionario panhispánico de dudas. También se recurre a la apócope cuando antes del sustantivo se cuela otro adjetivo: ‘Para arreglar la bici me sirve cualquier simple lugar’.
Ya sea como adjetivo o como pronombre, esta encantadora palabra carece de variación de género. Por eso decimos ‘Un pueblo cualquiera’, ‘Una casa cualquiera’, ‘Cualquier hombre’ y ‘Cualquier mujer’. No obstante, el Panhispánico aclara que en el español de Chile se emplea ‘cualquiera’, sin apocopar, ante sustantivos femeninos: ‘Cualquiera casa’, como si esa ‘-a’ estuviera marcando el género. Rarezas del idioma…
Y ahora vamos con el plural. Como ustedes supondrán, esta voz es una combinación de ‘cual’ y la forma verbal ‘quiera’, y esa es la razón por la que la variación de número no la hacemos añadiendo ‘-s’ al final –‘cualquieras’–, sino ‘-es’ al pronombre ‘cual’: ‘cualesquiera’ (lo mismo ocurre con la forma apocopada: ‘cualesquier’, aunque en la actualidad casi no se usa). Muchos de nosotros nos olvidamos a veces de ese plural y escribimos cosas como esta que cita Seco en su diccionario: “Cualquiera que fueran los hechos…”. El error lo cometió Ramón J. Sender en su famosa Crónica del alba. Lo correcto aquí es ‘Cualesquiera que fueran los hechos…’.
Por el contrario, algunos creen que usando el plural donde va el singular su oración queda más elegante, aunque en realidad al hacerlo están dándole una bofetada a nuestra lengua: ‘No me importa tu problema, cualesquiera que sea’. Me pasé once años corrigiéndole este error a un columnista de un periódico de Tenerife y, aunque no diré quién es, sí diré su pecado: incurría este señor en la ultracorrección, una costumbre muy poco sana. El ortógrafo José Martínez de Sousa la define así: “… deformación de una palabra por equivocado prurito de corrección o por analogía de unas voces con otras”. Los ultracorrectos son esos que escriben barbaridades como ‘líbido’ porque creen, en su ignorancia, que ‘libido’ es un error. En fin…
Sousa también nos dice, en su Diccionario de usos y dudas del español actual (Ediciones Trea), que debemos evitar el anglicismo de emplear ‘cualquiera’ y su forma apocopada con el sentido que a veces se da en inglés al adjetivo ‘any’. Así, no sería adecuado decir ‘Cualquiera que llegue tarde será castigado’ (el ejemplo es de Sousa), sino ‘Todo el que llegue tarde será castigado’. La Fundación del Español Urgente (Fundéu) pone este otro ejemplo de uso incorrecto: ‘El acusado negó cualquier relación con los atentados’. Lo correcto es ‘El acusado negó toda relación con los atentados’.
Vayamos terminando. Decía al principio que ‘cualquiera’ también se emplea como sustantivo: precedido de ‘un’ o ‘una’, significa ‘persona de poca importancia o indigna de consideración’, según el Panhispánico. Aquí su plural no tiene nada que ver con el del adjetivo y se forma de manera más natural, añadiendo ‘-s’ al final: ‘Pedro es un cualquiera’, ‘Pedro y Juan son unos cualquieras’. Nos advierten la RAE y el María Moliner que no es habitual el uso del femenino, pues también significa ‘mujer de mala vida’ y ‘prostituta’.
Estas advertencias nos recuerdan que la lengua española sigue siendo muy machista, algo que podemos comprobar si buscamos ‘hombre público’ en el diccionario. Según la RAE, se trata de aquel ‘que tiene presencia e influjo en la vida social’. Como todos sabemos –y así lo explica elMaría Moliner–, esta locución se usa especialmente para referirse a los políticos. Sin embargo, para los académicos una ‘mujer pública’ no es una señora que se dedica a la política, sino una prostituta. Allá ellos y sus definiciones: con la que está cayendo en estos días en España, me parece menos digno ser un hombre público que una mujer pública. Y al decir ‘mujer pública’ me estoy refiriendo a una cualquiera. A una puta, vamos.
Ramón Alemán
08 diciembre 2012
20 octubre 2012
Nuevas formas de alfabetización
La orquestación de la prensa Collage
Jason Ohler
Ser capaz de leer y escribir múltiples formas de medios de comunicación e integrarlos en un todo significativo es el sello nuevo de la alfabetización.
http://www.ascd.org/publications/educational-leadership/mar09/vol66/num06/Orchestrating-the-Media-Collage.aspx
Interesante trabajo para repensar las prácticas.
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